La reforma electoral no debe conculcar derechos políticos de la ciudadanía. Dante Delgado.

 

 

 

Columnas

 

Convergencia

Por Dante DELGADO RANNAURO

 

No al pacto de silencio

* Los poderes fácticos compran conciencias y venden parcelas de poder

* Más ciudadanía y menos partidocracia

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Entregó su primer informe el

Presidente Felipe Calderón

al vicepresidente de la Mesa

 Directiva de la Cámara de

Diputados, el panista Cristian

Castaño en presencia de su

correligionario Santiago

Creel Mirnda, coordinador de la fracción

Parlamentaria del PAN en el Senado.

(Foto: Cámara de Diputados)

Por considerarlo de interés público reproducimos las palabras del Coordinador Parlamentario del Partido Convergencia en el Senado de la República, previo al Primer Informe del Presidente Felipe Calderón Hinojosa, en la Cámara de Diputados.

Honorable Congreso de la Unión:

No compartimos el pacto de silencio complaciente, porque el Congreso es el espacio del diálogo y del debate.

No compartimos el pacto de silencio complaciente, porque deslinda el ejercicio republicano al que nos debemos como representantes de la sociedad.

La crisis política que partió al país el 2 de julio no se ha resuelto. Y no se ha resuelto porque las condiciones que la generaron no han cambiado: El secuestro y manipulación de las instituciones por parte de los poderes fácticos, que actúan por encima de cualquier arreglo republicano, comprando conciencias y vendiendo parcelas de poder.

Todo ello de espaldas a la sociedad.

En Convergencia hemos insistido y seguiremos insistiendo que es necesario más sociedad y menos gobierno. Más ciudadanía y menos partidocracia. En ello estriba que acabemos de desmantelar los resabios del autoritarismo político que se practica nítidamente aún en varias entidades de la federación.

El régimen que imperó en el país durante decenios y del cual no acabamos de salir debe ser modificado. En estas condiciones, el Congreso debe tomar la iniciativa como espacio de amplia negociación y construcción de verdaderos acuerdos.

En este sentido, es apreciable que sea el legislativo quien continúe impulsando una Reforma del Estado, necesaria y urgente. Pero esta Reforma sólo cumplirá su objetivo en la medida con que sea incluyente.

Si el modelo democrático por el que optemos se obstina en coartar las grandes expresiones sociales; si se les niega a éstas el derecho a expresar su confianza en líderes sociales que ya hoy se sitúan por encima de los partidarios; estaremos conculcando el derecho de la sociedad a renovar su organización social y política, para consolidar un Estado democrático y garante del bienestar social.

La construcción de un nuevo pacto social debe imponer el respeto irrestricto de todos a las leyes, porque como bien señala Luigi Ferrajoli el paradigma del Estado de Derecho es “el desarrollo de una esfera pública que tutele el conjunto de derechos fundamentales estipulados en esos pactos fundadores de la convivencia social que son las constituciones, como objetivo o razón de ser del derecho y del Estado”.

Esa es la tarea fundamental a consolidar en la Reforma del Estado

Pero advertimos: si la Reforma del Estado en curso se limita a un arreglo entre grupos políticos, para mantener los privilegios que conlleva el poder por sí y para sí, no será sino una nueva edición del autoritarismo, será otra reforma pactada a espaldas de la sociedad.

Si lo que se trata es de reemprender cuanto antes la transición democrática, hoy truncada, bien tenemos que avanzar en una reforma que devuelva la confianza en las instituciones y en los procedimientos electorales.

Nunca más elecciones de Estado, nunca más árbitros parciales, nunca más triunfos electorales basados en el poder económico y a espaldas de las mejores propuestas y en los mejores ciudadanos.

La reforma electoral no debe conculcar derechos políticos de la ciudadanía. Debemos romper con los lastres institucionales que por acción u omisión son cómplices de la insoportable desigualdad y exclusión social de millones de mexicanos.

Los partidos no podemos suplantar la voluntad popular que se ha manifestado abiertamente por defender el pluralismo y el multipartidismo, motor de una democracia moderna que se oxigena con la presencia de expresiones políticas. Por ello, Convergencia se promulga abiertamente y decididamente por las candidaturas ciudadanas, por la reducción de los más de 70 procesos electorales que se celebran cada 6 años a únicamente a 4 jornadas que permitirían fijar un día anual de elecciones con el propósito de evitar el dispendio de los recursos económicos como hoy se practica con el ánimo de evitar la contaminación visual y degradar permanente a la política.

Los costos de los procesos electorales son enormes, México hoy paga la democracia más cara del mundo, por ello, debemos eliminar el poder del dinero en las elecciones, demos equidad a la contienda, privilegiemos el debate de la ideas, demos a las fuerzas políticas la verdadera representación que le dan las urnas, mantengamos la pluralidad, seamos incluyentes, de otra manera sólo confirmaremos una contrarreforma partidocrática.

Ese mismo ánimo de construcción debe impulsar cualquier otra reforma que emprendamos en el Congreso. Ya en el anterior periodo ordinario de sesiones vimos las consecuencias de los acuerdos parciales, con una reforma de la ley del ISSSTE que no incluyó a todas las voces y por lo tanto carece de aceptación de los propios trabajadores al servicio del Estado y de la Educación.

Si la reforma fiscal, que hoy se prefigura crea nuevos impuestos, será un castigo al pueblo de México.

Si no los destina al desarrollo social y regional con transparencia será una burla para la ciudadanía.

Si no se modifica el régimen fiscal de PEMEX la soberanía nacional sobre hidrocarburos será un espejismo.

Una política fiscal recaudatoria, como la que hoy se discute, se limita a tomar de la sociedad, sin que necesariamente se retribuya a la ciudadanía.

No más gasto burocrático que impida inversión urgente para reactivar una economía nacional insuficiente, no puede haber un poder legítimo si, por la vía de los hechos seguimos excluyendo socialmente a millones y millones de mexicanos. Sobre todo a aquellos a los que la pobreza y la desigualdad, así como, la falta de oportunidades de trabajo los obliga a emigrar a los Estados Unidos, en busca de empleo y una vida digna.

Hoy todos somos Elvira Arellano, esa valiente mexicana que desafió el poder del gobierno estadounidense.

El mejor homenaje que podemos brindar a esta mujer es evitar, a toda costa, que continúe la desintegración de las familias mexicanas y combatir las causas del éxodo de nuestros compatriotas.

Compañeras y compañeros legisladores:

Convergencia no puede convalidar el déficit democrático en el país, no aceptamos la regresión autoritaria que pretende terminar de tajo con la incipiente transición a la vida democrática del país.

Estamos profundamente comprometidos con los millones de ciudadanos que confían en el Congreso; somos indeclinablemente responsables con las tareas que la Nación ha puesto en nuestras manos.

Convergencia y los Grupos Parlamentarios actuamos con la mayor convicción para defender los intereses de la sociedad, tejiendo acuerdos en favor de las mayorías y del desarrollo económico del país. 

Por ello, Convergencia lo reitera: queremos más sociedad y menos gobierno. Luchamos por un nuevo rumbo para la Nación.

Muchas gracias.

Correo: altuzar@arcanorevista.com

 

 

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