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Columnas
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Malquisto quien no transite en silencio al dejar el trono, y m�s aquel necio quien creyendo que lo confiere,� opinare� como cern�calo sobre asuntos de pol�tica que afecten el devenir del nuevo jerarca. �Seis cosas aborrece Jehov�, y aun siete abomina su alma: Los ojos altivos, la lengua mentirosa, las manos derramadoras de sangre inocente, el coraz�n que maquina pensamientos inicuos, los pies presurosos para correr al mal, el testigo falso que habla mentiras, y el que siembra discordia entre los hermanos�. Los mexicanos debi�ramos tener el derecho de evitar el intimar con los mentirosos, no s�lo para no ser v�ctimas de sus falsedades, sino para no contagiarnos de ellos pensando que la mentira es una buena manera de obtener las cosas que se desean. �No habitar� dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no se afirmar� delante de mis ojos�� Salmo 101:7 David. Cu�nta raz�n ten�a David al orar a Dios pidiendo que ponga guarda a su boca. El Salmo 141:3 dice: "Pon guarda a mi boca, oh Jehov�; guarda la puerta de mis labios.", pero t� no has sabido mantener la lengua inm�vil ni tus dedos sedentarios y trajinas por el mundo juzgando lo que no debieras,� como tantos ego�stas a los que les falt� sexenio para eternizarse como la apostema de todos. "No conviene al necio la altilocuencia; �Cu�nto menos al pr�ncipe el labio mentiroso!", quiera el Alt�simo que no te tome el sucesor por maestro en el arte de mentir al pueblo. Cu�dese el saliente del decir de la escritura: "La lengua falsa atormenta al que ha lastimado, y la boca lisonjera hace resbalar" porque nadie medra aposentado en la mentira ni en injuriar al enemigo y menos encuentra paz en su reposo. Temo por mi pueblo porque "El malo est� atento al labio inicuo; y el mentiroso escucha la lengua detractora".� Dios conmine al sucesor para que no escuche mentiras ni requiebros de tu parte ni de nadie,� y se libre de la simiente de la mentira que guarda dentro por la ense�anza adoptada� de la escuela del mar y de la espuma y que parece llevar a todos sus disc�pulos� al lago de la muerte segunda en siendo mentirosos. La sugerencia es reconocer que la mentira es un pecado y no una mala costumbre, ni una debilidad, ni una exageraci�n, o cosa parecida. Arrepi�ntase ante Dios y ante los hombres, restituya a quienes haya ofendido. En alg�n momento conseguir� pensar antes de mentir para evitar la mentira subsiguiente. Una caracter�stica de la vida cristiana es la ausencia de mentiras. Si a�n persiste en las mentiras, debe en justicia y en raz�n, evadir cualquier contacto con seres humanos o animales a fruto de no contaminarlos ni agraviarlos;� al menos si se ultraja a si mismo con sus propias mentiras� le servir� de penitencia para indemnizar a todos los quejosos. �Bienaventurados los que se exilien por voluntad propia, porque as� no precisar�n de mandato como Porfirio D�az�
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