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Columnas
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Crisis de identidad doctrinaria, es la que vive el país. Y como resultado del fracaso electoral de los partidos políticos, con su deslegitimidad en medio de la vorágine imperial que profundizó la desigualdad social, se muestran los primeros indicios de un debate ideológico en diversos sectores de la población. Es cierto que el cardenismo sentó las bases del Desarrollo Estabilizador de 1954 a 1970, considerado por los expertos internacionales como el “Milagro Mexicano” por su crecimiento del siete por ciento anual y la ampliación de la clase media como sustento del modelo económico con una definida identidad nacional. Sin embargo, la Doctrina Monroe de 1823 de América para los Americanos jamás se abandonó y menos en suelo azteca con sus aliados nostálgicos de las cortes imperiales confesionales, en donde, según registros de 1833, el 70 por ciento del territorio nacional, la educación y el gobierno, era propiedad del alto clero político y sus serviles. Así, el proceso que no fenómeno, político y económico conservador se reinstaló con Porfirio Díaz, resurgió de 1926 a 1929 con la Guerra Cristera y sus cerca de 300 mil muertos en que se incubó su lucha legal en el Partido Acción Nacional constituido el 17 de septiembre de 1939 para resistir la política social del presidente Lázaro Cárdenas. Hay mucha historia escrita en este periodo de lucha partidista no tan pacífica y menos humanitaria, que logra asumir el poder en 2000, precisamente por los acuerdos secretos con el clero político en 1988 y en 92 con los Estados Unidos sobre la alternacia partidista de Carlos Salinas, el sobrino del autor del Desarrollo Estabilizador, Antonio Ortiz Mena. De hecho, el ex presidente Salinas empezó a diseñar su modelo acorde a su Alma Mater, la Universidad de Harvard, en los estertores del sexenio de José López Portillo, al ocupar la secretaría técnica del Gabinete Económico, en que impulsó la sucesión de Miguel de la Madrid para iniciar los supuestos cambios estructurales del modelo nacional. En su descargo podría decirse que Salinas vivió un entorno hostil ya que desde 1989 en que asumió Margareth Tatcher la cartera de Primera Ministra con su política monetarista y la agresiva política injerencias del presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan apoyado con la llamada “Guerra de las Galaxias” en que artilló a los satélites y la desintegración de la Unión Soviética. Así, la hoy primera Baronesa del Reino Unido, concretó los cimientos para justificar el Sueño Americano de 1823, aunque más ampliado. De la Internacionalización del Capital de 1955, al control de la producción, refinación y comercialización del petróleo por las Siete Hermanas que crearon el desajuste económico mundial en 1973 para apuntalar la doctrina de Los Chicago Boys que se perfeccionó por Harvard en 1990 como Globalización. Para consolidarse el Nuevo Imperio de los Estados Unidos y sus seis aliados, necesita con urgencia el finiquito del principio de Nación Estado, que realiza mediante la desculturización de las sociedades, como condición natural para anular el concepto de la Identidad Nacional y así, ser sometidos a los dictados de la Moderna Sociedad. No es casual, entonces, que desde 1970 se aplicara un esquema para debilitar al sistema educativo laico y gratuito, por el castigo al presupuesto educacional al mismo tiempo de crear organizaciones magisteriales que incumplan su compromiso magisterial. Acotar y reducir los programas culturales a los artistas e intelectuales ajustados al nuevo esquema. Por medio del sistema tributario disparar la inflación que es el impuesto más costoso a la población, para impedirle el acceso a la educación y la cultura, principales bastiones de la identidad nacional, bajo el argumento de que es producto de la gran confusión ideológica en los medios de comunicación electrónicos y la Internet. El resultado ha sido contrario. Así como en 1795 el francés François Noël Babeuf inició la Conjura de los Iguales, parece ser que el Partido de la Revolución Democrática empieza a despertar y el 12 de agosto se informó de que se discutirá un proyecto del sobreviviente del Partido Comunista, Pablo Gómez, para reestructura la directiva partidista como primer paso que recupere la doctrina social y le permita recuperar a sus base electoral. Por su parte, el Partido Revolucionario Institucional redefinirá su plataforma doctrinaria en noviembre, en donde existe incertidumbre por la lucha interna de los grupos de poder político y económico, que se sumaron al intento del presidente Felipe Calderón, para legalizar las supuestas reformas estructurales al servicio de la teología imperial. De estos debates doctrinarios, sin lugar a dudas dependerá el futuro de la Nación. |
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